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¿Te alías con tus emociones?

¿Te has parado a pensar en qué medida tus emociones están llevándote a unos resultados determinados?. Vivimos en un nuevo paradigma que requiere nuevas fórmulas para afrontar los retos.

Hay muchos síntomas que nos avisan de que nuestras emociones han tomado el control: ansiedad, falta o exceso de energía, malestar físico y psicológico, falta de compromiso, mala comunicación con nuestros compañeros o amigos, enfados continuados… Todo esto nos lleva a alcanzar unos resultados determinados. Unos resultados que quizá no son los esperados. 

Tradicionalmente ha habido dos mecanismos bastante comunes en lo que se refiere a la gestión de emociones:

  1. Las reprimo

  2. Exploto con ellas (suele venir por una fase continuada de reprimirlas)

Ambas opciones nos llevan de una manera u otra a infinidad de síntomas, provocando incluso enfermedades.

Una buena gestión emocional conlleva multitud de beneficios. Si hablamos del entorno profesional, facilita la empatía entre compañeros, la concentración y foco, el compromiso, la comunicación sana, mayor resiliencia y capacidad de adaptación… y un suma y sigue dependiendo de cada caso concreto. En definitiva, los resultados que obtenemos y nuestro bienestar pueden cambiar radicalmente.

Para ello existe una posibilidad más, que no supone reprimirse ni explotar: aliarme con mis emociones. Si, si! ¿Aliarme con la tristeza?, ¿no os resulta poco habitual manifestar tristeza, expresar enfado, o utilizar la palabra amor en nuestro día a día profesional?. 

Aliarme con ellas significa dejar de reprimir o esconder emociones, algo que se ha llegado a asumir como sinónimo de buena gestión emocional, sobre todo en el entorno empresarial. 

¿Y cómo puedo convertirme en un aliado de mis emociones?

  • Identifícalas. Para eso lo primero y básico es tomar conciencia de qué emoción estamos sintiendo. 

Puedes ayudarte de tu cuerpo. Por ejemplo, si la ansiedad o el miedo te  provocan tensiones en alguna zona determinada de tu cuerpo, el hecho de pararte a respirar y hacer un chequeo corporal te ayudará. Cierra los ojos, respira, busca tensiones o sensaciones en tu cuerpo e identifica a qué es debido esa tensión o sensación. ¿Qué emoción te suele causar esos síntomas?. Si puedes identificar cuál es esa emoción, ya tienes lo más importante hecho. Tu cuerpo te está hablando y tú le estás escuchando.

  • Acéptalas.  No juzgarlas como buenas o malas ni luchar contra ellas. Eso sólo servirá para estancarte más tiempo y bloquear tu resiliencia . Acepta que en este momento, sientes esta emoción. No quiere decir que te resignes, ni mucho menos,  a un estado de ánimo, sino que ahora mismo no niegues que eso está ocurriendo de esa manera.

  • Escúchalas. Las emociones nos hablan, así que piensa: ¿qué información me está dando esta emoción?. ¿Hay algo a lo que tenga que prestar atención, de lo que tenga que ocuparme o, por el contrario, algo que necesite soltar, pedir ayuda, dejar de hacer, expresar…? 

  • Exprésalas. Recuerda que todas las emociones sirven, no hay emociones buenas o malas, porque TODAS, TODAS nos ayudan a sobrevivir, también en el terreno profesional. ¿Con quien puedes compartir esa emoción? ¿Sabías que el hecho de expresar una emoción reduce significativamente la intensidad de la misma?. 

  • Toma decisiones. ¿Qué acción necesito emprender? ¿Qué emoción te facilitará a ti o tu equipo dar comienzo con éxito una acción?

La alegría nos facilita la conexión con el presente y las personas que nos rodean. La tristeza nos lleva a la lucidez y al deseo. El miedo nos avisa de un peligro. Escúchale y camina con él, la acción hace que el miedo desaparezca. La ira nos aporta energía para pasar a la acción… Todas nos pueden ayudar si las atendemos adecuadamente.

Cada vez tenemos más información sobre cómo funciona el mundo de las emociones. Es el momento de dar un paso más y trabajar con ellas de la mano para aprovechar todo nuestro potencial, de dejar de estigmatizar algo que es parte de nuestra naturaleza humana y de escuchar toda la información que tienen para nosotros.