¿Te alías con tus emociones?
¿Te has parado a pensar en qué medida tus emociones están llevándote a unos resultados determinados?. Vivimos en un nuevo paradigma que requiere nuevas fórmulas para afrontar los retos.
Hay muchos síntomas que nos avisan de que nuestras emociones han tomado el control: ansiedad, falta o exceso de energía, malestar físico y psicológico, falta de compromiso, mala comunicación con nuestros compañeros o amigos, enfados continuados… Todo esto nos lleva a alcanzar unos resultados determinados. Unos resultados que quizá no son los esperados.
Tradicionalmente ha habido dos mecanismos bastante comunes en lo que se refiere a la gestión de emociones:
Las reprimo
Exploto con ellas (suele venir por una fase continuada de reprimirlas)
Ambas opciones nos llevan de una manera u otra a infinidad de síntomas, provocando incluso enfermedades.
Una buena gestión emocional conlleva multitud de beneficios. Si hablamos del entorno profesional, facilita la empatía entre compañeros, la concentración y foco, el compromiso, la comunicación sana, mayor resiliencia y capacidad de adaptación… y un suma y sigue dependiendo de cada caso concreto. En definitiva, los resultados que obtenemos y nuestro bienestar pueden cambiar radicalmente.
Para ello existe una posibilidad más, que no supone reprimirse ni explotar: aliarme con mis emociones. Si, si! ¿Aliarme con la tristeza?, ¿no os resulta poco habitual manifestar tristeza, expresar enfado, o utilizar la palabra amor en nuestro día a día profesional?.
Aliarme con ellas significa dejar de reprimir o esconder emociones, algo que se ha llegado a asumir como sinónimo de buena gestión emocional, sobre todo en el entorno empresarial.
¿Y cómo puedo convertirme en un aliado de mis emociones?
Identifícalas. Para eso lo primero y básico es tomar conciencia de qué emoción estamos sintiendo.
Puedes ayudarte de tu cuerpo. Por ejemplo, si la ansiedad o el miedo te provocan tensiones en alguna zona determinada de tu cuerpo, el hecho de pararte a respirar y hacer un chequeo corporal te ayudará. Cierra los ojos, respira, busca tensiones o sensaciones en tu cuerpo e identifica a qué es debido esa tensión o sensación. ¿Qué emoción te suele causar esos síntomas?. Si puedes identificar cuál es esa emoción, ya tienes lo más importante hecho. Tu cuerpo te está hablando y tú le estás escuchando.
Acéptalas. No juzgarlas como buenas o malas ni luchar contra ellas. Eso sólo servirá para estancarte más tiempo y bloquear tu resiliencia . Acepta que en este momento, sientes esta emoción. No quiere decir que te resignes, ni mucho menos, a un estado de ánimo, sino que ahora mismo no niegues que eso está ocurriendo de esa manera.
Escúchalas. Las emociones nos hablan, así que piensa: ¿qué información me está dando esta emoción?. ¿Hay algo a lo que tenga que prestar atención, de lo que tenga que ocuparme o, por el contrario, algo que necesite soltar, pedir ayuda, dejar de hacer, expresar…?
Exprésalas. Recuerda que todas las emociones sirven, no hay emociones buenas o malas, porque TODAS, TODAS nos ayudan a sobrevivir, también en el terreno profesional. ¿Con quien puedes compartir esa emoción? ¿Sabías que el hecho de expresar una emoción reduce significativamente la intensidad de la misma?.
Toma decisiones. ¿Qué acción necesito emprender? ¿Qué emoción te facilitará a ti o tu equipo dar comienzo con éxito una acción?
La alegría nos facilita la conexión con el presente y las personas que nos rodean. La tristeza nos lleva a la lucidez y al deseo. El miedo nos avisa de un peligro. Escúchale y camina con él, la acción hace que el miedo desaparezca. La ira nos aporta energía para pasar a la acción… Todas nos pueden ayudar si las atendemos adecuadamente.
Cada vez tenemos más información sobre cómo funciona el mundo de las emociones. Es el momento de dar un paso más y trabajar con ellas de la mano para aprovechar todo nuestro potencial, de dejar de estigmatizar algo que es parte de nuestra naturaleza humana y de escuchar toda la información que tienen para nosotros.